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lunes, 13 de febrero de 2012

Capitulo 2. Miedo


Capitulo 2.  Miedo

Lucas 

¿Qué era lo que había hecho?, no puedo ser así de impulsivo. Suspiro de alivio una vez dentro del auto. Me alegro que me haya dicho que no, me alegro cada vez que rechaza alguna de mis atenciones. Es decir, por supuesto que yo no quiero que camine a casa innecesariamente cargando su mochila llena de libros y la de Layla, por supuesto que siempre quiero ayudarla con las bolsas del supermercado, por supuesto que no quiero verla tan triste, tan sola. Pero no puedo, y no debo permitirme éstos impulsos, Anna tiene su propia vida y es ella la que tiene que encargarse de sus propios problemas. Además es una molestia, de tan sólo pensar lo que había significado para mi familia me amargo. Su existencia trajo problemas para todos y muchas lágrimas, especialmente para mamá. Definitivamente no la quiero cerca mío. No puedo tenerla cerca. Nunca. La distancia es lo mejor y lo único que me permite tener la cabeza fría. Tengo que evitar esa curiosidad que me despierta. Yo sólo quiero saber más y a la vez no quiero o no debo. No entiendo porque tanto silencio, porque no se la ve más seguido con sus amigas, no entiendo como alguien tan brillante pueda ser tan tímido. No entiendo como alguien tan fuerte, tan responsable, pueda verse tan frágil. Ella tiene dos caras, la fría, la desinteresada y esa que peina a su hermana antes de entrar al colegio y que reparte apuntes para aquellos que nadie más sabe que existen en la clase. Yo simplemente, no comprendo y no puedo hacerlo o no quiero o no debo. Tengo que dejar de darle vueltas pero ¿cómo hacer que alguien te caiga mal cuando en realidad no lo conoces? 
Conduzco hasta casa viendo como ella se aleja en otra dirección, es mejor así pienso. En cuanto salgo del coche, veo que el auto de papá está en el garaje también. El llega temprano los Lunes. Lamentablemente para mi, Esteban también está en casa, y me doy cuenta al instante porque nomas traspaso la puerta y se escucha la discusión. Si está en casa tan temprano un Lunes significa que perdió su trabajo, de nuevo. El había estado trabajando en una sucursal de un banco como cajero, mi papá lo había ayudado a conseguir ese empleo  a través de unos amigos. La idea era que trabajara a la mañana ahí y que a la tarde pueda asistir a la universidad pero eso nunca estuvo en sus planes y fue así como empezó todo. Papá no lo aprueba y a pesar  de que jamás fue de las personas que discutían o gritaban,  recalca en todo momento a Estaban la falta que comete al no ir a la universidad y el gran error que eso significa. Sus miradas de reprobación llegan alto y claro y Esteban, bueno, Estaban no se calla nada. Me molesta esto que hace, no me gustan las disputas familiares, me hace acordar a cuando mamá estaba viva y peleaba todo el tiempo con papá. Ella era la única que peleaba, a papá no se lo escuchaba jamás. El no era bueno para las peleas pero tampoco lo había sido para el matrimonio. Aún así, Esteban es un buen hermano y siempre ha estado ahí por mi, Ariana en cambio es otro asunto. Yo la quiero muchísimo pero ella siempre tiene un mejor lado en el que estar. Desde que mamá murió hace eso de tres años, nos fuimos dividiendo. Es como si la tormenta se hubiera disipado en el horizonte y tomado rumbos diferentes. Somos viento ahora y vamos todos hacia diferentes lugares. Me duele ese pensamiento, me quema en la garganta. En algún momento habíamos sido una familia. 

Se me van todas las ganas de almorzar que tengo, no deseo estar en el medio de nada ni nadie así que sólo me dirijo a mi cuarto. Tiro la mochila a un lado y me dejo caer en la cama. Tengo que empezar a escribir la maldita poesía para mi clase de literatura, ya casi todo el mundo la había entregado. Odio la poesía, es demasiado sentimental para mi, demasiado personal. No puedo escribir nada sin que la profesora no trate de psicoanalizarme después y tampoco puedo hacer una poesía entera dedicada a la planta de durazno de mi jardín. Si iba a escribir algo, al menos iba a hacer algo sincero. Para secretos, ya guardo demasiados. Me da dolor de panza el saber todo lo que callo, todo lo que no puedo enfrentar y aún así más dolor me da la posibilidad  de decir todo y herir a alguien en proceso y de confirmar cuestiones que no quiero confirmar. No quiero desterrar secretos pasados y saber al fin, que todos mienten. 
Me habré quedando dormido dando vuelta a mis frustraciones ya que cuando miro el reloj ya era pasada la tarde. No escribí el poema, pienso, ni hice ninguna de mis otras tareas. Tendría que haber cortado el césped y haber ido al supermercado. Le diría a papá que estuve ocupado con alguna tarea y lo haría mañana sin falta. Me pongo con la tarea de matemáticas primero, es lo más fácil lejos, y luego completo algunas de las preguntas de tarea de biología. Recuerdo casi todo y busco la última pregunta en el libro de texto porque no estoy del todo seguro. Mientras escribo la respuesta, siento el ruido que me hace el estómago. Dios, estoy muerto de hambre.  
Bajo los escaleras esperando escuchar algún sonido que me diga quien está en la casa, no hay nadie al parecer así que bajo con confianza. Mejor para mi, pienso, no puedo comer en medio de problemas ajenos. Abro la heladera para hacerme un sándwich antes de la cena maldiciéndome por no haber ido al supermercado, la heladera está casi vacía. Por suerte es el turno de papá de cocinar. Los que no vamos a tener suerte éramos nosotros, papá es una cocinero terrible. Le damos puntos por intentar pero sus comidas se limitan a salchichas, puré y en ocasiones fideos pegados. Esteban, por lo general hace unas muy comestibles pizzas y yo cocino carne en el horno y alguna que otra pasta. No soy mejor cocinero que papá, pero mi comida es un poco más elaborada y más comestible, al menos es lo que Esteban dice. Ariana no cocina casi nunca, la mayoría de veces no está en casa de todas formas. A veces se queda de alguna amiga a estudiar y otras se va a la casa de su novio (para papá es otra amiga, ya que la parte del novio esta fuera de su conocimiento por el momento). Hago un sándwich de queso, sirvo un vaso de agua y me siento en la mesa de la cocina. Es mi lugar preferido de la casa, el más familiar para mi. Hay algo en ese empapelado de flores o en la pequeña mesa de algarrobo con las sillas o en los adornos frutales, que había hecho una vez mamá, que se traducían en hogar para mi. 

-Pensé que habías salido-La voz de mi papá me hace saltar del susto.-Sabes que no me gusta que te sientes sobre la mesa-me recuerda. 

-No, me quedé haciendo la tarea-le digo en medio de mordiscos que le doy a mi sándwich, no me bajo de la mesa. 

-Bueno, me alegra escuchar eso, hoy hablando con la profesora de literatura en la sala de maestros me comentó que no entregaste un trabajo que se suponía que era para la semana pasada-me mira pero sin severidad, más bien con preocupación, yo siempre entrego todos los trabajos a tiempo. 

-Ella nos dió unos días más para terminarlo, no es nada importante-desvío la vista ésta vez, realmente me molesta. Que trabaje en la misma escuela donde yo asisto es lo suficientemente malo, ¿ahora también habla de mi con los demás profesores?. Eso no es de su incumbencia y además me pone de mal humor que no confíe en mí. Tengo casi las mejores notas del curso y mis maestros me aprecian. El interrogatorio está de más. 

-Es algo importante si ella viene a mi y me pregunta si te pasa algo, dice que jamás entregaste tarde un proyecto y que estás distraído en clase. No lo dice como reto, esta preocupada y yo también- nunca lo escucho decir tantas palabras juntas que involucran a mi persona. Por lo general nuestra conversación se basa en monosílabos. Mamá era que llevaba las riendas de la casa, era la clase de madre que sabía todo incluso si uno no le contaba nada. El lado malo incluía el hecho de que era un detector de mentiras humano, no había nada que le escapara, el lado bueno era que no tenía que ponerme en la penosa posición de contarle mis cosas. Tal vez eso era bueno para Ariana que era una chica pero para mi era bastante molesto. A los hombres no nos gusta hablar de los que nos pasa, lidiamos con eso y ya. Y el hecho de que papá me esté preguntando es todavía más incómodo, una muy incómoda conversación entre padre e hijo. Yo ya no lo veo de la misma manera, no puedo hacerlo, no con todo lo que había pasado. Yo sé en el fondo que es una buena persona y que a su modo me quiere, pero yo ya sé demasiado y no me gusta. 

Si el espera que yo diga algo iba por mal camino, y para ser sincero no sé si tengo algo que decir. No tengo ningún problema en particular, no al menos los problemas que otros chicos tienen. No me falta comida, ni techo ni educación, no tengo un padre golpeador ni amigos abusivos en la escuela. Nada está mal y aún así…siento como si todo lo estuviera.  Tengo este dolor de estómago constante diciéndome que no todo está bien. Y no voy a decirle nada acerca de Anna, definitivamente hay algo ahí pero pronunciarlo es ir demasiado lejos. Anna tiene que estar lejos de mis pensamientos.  

-Es un poema lo que hay que hacer- finalmente digo esperando que con eso me deje de molestar. - No es mi fuerte la poesía, así que estoy viendo de que escribo, no es nada, para mañana lo voy a tener resuelto- digo como quitando importancia al tema, casi me atraganto con el sándwich para no tener que hablar más. 

-Bueno, si es ayuda lo que necesitas, sabés que me podés pedir a mi o inclusive tu hermana tal vez te pueda ayudar con eso o algún compañero de clase-sugiere. 

-No -digo cortante. - Ningún compañero de clase ni nadie, es mi tarea y yo la voy a hacer, ya te dije que no te preocupes- ¿realmente pretende que me siente con el a redactar un poema? o peor, tal vez espera que me cruce a la casa de Anna y le pida ayuda a ella. Tomo un poco de agua, pongo las cosas para lavar y salgo de la cocina lo más rápido que puedo. 

-¿A dónde vas?-me pregunta. 

-Tengo que ir de un compañero a buscar unos apuntes-miento. Tengo la necesidad de salir y aspirar un poco el aire de la noche, caminar y tal vez pensar de que demonios voy a escribir mi poema. 
Salgo por la puerta decidido a ir a caminar por la plaza para poder pensar en que hacer y, ahí está ella, en frente mío. ¿El destino me está jugando una broma perversa o algo parecido?. Anna está en el patio lateral de su casa que te lleva al jardín trasero, justo al lado de la ventana de lo que estoy seguro era su cuarto. La veo perfecto desde mi casa, sentada contra la pared, con las manos sobre la cabeza, sé instantáneamente que algo anda mal. Y si bien mi cabeza me dice que me vaya lejos, que la deje resolver sus propios problemas, que la deje vivir su vida, que no me necesita, lo único que puedo hacer es ir caminando tras ella. Esto va a ser el principio de mi fin.


1 comentario:

  1. ¿Tengo que ir de un compañero a buscar unos apuntes? ¿No sera Tengo que ir a casa de un compañero a buscar unos apuntes?

    ¡Me encanto el capítulo! Escribes muy bien.

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