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lunes, 13 de febrero de 2012

Capitulo 3 Descubrir



Capitulo 3 

Anna 

Mis pensamientos divagan mientras seco las zapatillas de Layla en la cocina, con suerte las va a poder usar mañana y dentro de la casa puede ponerse pantuflas. Estoy tratando de hacer una lista mental de todo lo que tengo que hacer pero me disperso fácilmente. Trato de poner en orden las tareas, primero tengo que lavar la ropa. Si, eso es una, logro recordar, y era urgente!. Ya prácticamente no tengo ropa interior limpia, el hecho de que estoy usando una  bikini vieja me delata. Después tengo que llamar a Lib para ver si me da un turno extra en la cafetería, eso también es importante porque no tengo casi nada de efectivo. Hay que ir de compras y llenar un poco la alacena que está vacía, pero otra vez está ahí el pequeño dilema de la plata. Lo haría el viernes cuando me pagaran. Tengo que hacer mi tarea de biología y  por último la cena. Al menos eso va a resultar más fácil, Layla había ido a cenar de una compañera que vive a dos cuadras, sólo tengo que recordar ir a buscarla a las nueve.  
Así que somos Mamá y yo, mamá por lo general come en su habitación así que creo que iba a estar sola en la mesa. Daba igual, no tengo ganas de hacer algo tan elaborado tampoco. 
Pongo la segunda tanda de ropa a lavar y me lamento de no haber hecho esto antes, se acumuló tanta ropa que ni siquiera voy a tener espacio para tenderla. Llevo la que saqué limpia para colgarla afuera, el jardín está bastante decente. Había cortado el césped el sábado a la mañana antes de ir a trabajar y había quedado prolijo. Es un jardín pequeño, pero el pasto está verde y con Layla habíamos plantados algunas flores y un limosnero. Termino de colgar la ropa con una sonrisa en el rostro al ver a lo lejos el gato de nuestros vecinos durmiendo arriba del perro, tan eclipsada estoy con esa pequeña dulce imagen que no me doy cuenta de los gritos a mi alrededor. Tardo un segundo para entender que provienen de mi propia casa y corro adentro esperando que no sea lo que me imagino. 
Lamentablemente era lo que yo ya creía, mamá está discutiendo con Adrián, el último novio que había tenido. Adrían sólo había cumplido los dos meses viviendo en casa cuando decidió irse, creo que la excusa fue algo así como que no estaba listo para formar parte de una relación estable aunque estoy bastante segura que la verdadera razón era que se había hartado de mamá, ningún hombre dura cerca de ella por mucho tiempo. Los fastidia tanto que  terminan corriendo lejos de ella, suerte la de ellos.  
Odio que ella meta extraños que conoce dios sabe donde, porque sale poco y nada, en nuestra propia casa. Bien podrían ser psicópatas  o delincuentes o ambos, pero en cuanto yo le presento mis muy buenas razones para no traer a su “nuevo amor” con nosotras, ella me recuerda que la casa es suya y que hace lo que quiere como persona mayor que es. Mis protestas son un caso perdido. 
No tuve mucho tiempo para formarme una opinión de su último compañero, casi nunca estaba en casa y terminó por irse no mucho después de su llegada. No había sido el peor novio de mamá, al menos trabajaba. 
La discusión está en torno a las cosas que el hombre había dejado en casa, estoy casi segura que mamá tiró todo en el instante que él se fue. 
Esto no va a terminar bien. 
El continua gritando que ella va a tener que pagar por todas sus pertenencias, ella empieza a tirarle almohadones y lo echa de casa, el menos no son platos esta vez, pienso. Él la agarra de los brazos para evitar que le siga tirando cosas, y la arroja sobre la cama. Me estoy poniendo verdaderamente nerviosa, porque si ambos no dejan de gritar sé que algún vecino va a llamar a la policía. No puedo dejar que eso suceda, el puede tener antecedentes que yo no sé y ella, estoy bastante segura, de que está borracha. Si se los llevan, van a empezar las preguntas de las autoridades acerca de cómo vivimos. Dios, realmente no lo puedo dejar llegar tan lejos. Si ellos, por algún momento dudan de su capacidad para cuidarnos, vamos a tener muchos problemas. Layla va a terminar con un padre que no puede cuidar de ella porque apenas logra cuidarse él mismo y yo dios sabe donde. Ni siquiera sé donde vive el mío. 
La situación se está poniendo peor, mamá lo muerde fuerte en el brazo y él la empuja al suelo para sacársela de encima, me empiezan a temblar las manos. No importa cuan molesta esté con ella, no quiero ver como nadie la golpea. Entro en la habitación en un intento de separarlos, él sigue recriminándole por sus cosas, ella grita algo de otra mujer. En un intento de pedir a los dos que paren, que los vecinos se van a asustar, mamá me echa del cuarto y me pide que los deje en paz. A esta altura estoy tratando de contener las lágrimas, ¿Cómo ella no podía ver lo que está haciendo a nuestra familia?. 
Voy a mi cuarto en un intento de calmarme y poner todo en perspectiva, no funciona. Siento que me falta el aire, no puedo respirar y lo único que pienso es que no debe quebrarme, yo tengo que ser fuerte para poder arreglarlo todo. Abro la ventana de mi habitación y salgo al patio lateral que da al jardín trasero para poder respirar el aire de la noche. No quiero escuchar más, no quiero ver más. Me agacho en el suelo y me hago un ovillo, tapándome la cabeza con las manos. Me concentro en respirar. Tengo que seguir escuchando a pesar de que es lo último que quiero, no puedo dejar que llegue al punto en que se hagan daño. Si él la golpeaba, llamaría a la policía y después lideraría con la consecuencia de esa acción. Me dan ganas de vomitar con sólo pensarlo. Apoyo mi cabeza sobre las piernas y cierro los ojos para no llorar, no voy a sentir lástima por mí misma, de ninguna forma. Hay personas en peores situaciones.  
No escucho sus voces por algunos minutos y me preocupo, al segundo empiezan los gritos y reclamos nuevamente. Pienso que no puede ponerse peor cuando oigo el sonido de alguien camino hacia mi. Levanto la cabeza para ver que o quien es. Me equivocaba si pensaba que esto no podía empeorar, Lucas está en frente mío. 
Se queda mirándome por un segundo como queriendo sacar alguna respuesta escrita en mis rostro. No puedo más que mirarlo y…mirarlo, porque no encuentro mi voz para decirle absolutamente nada. ¿Está acá porque escuchó los gritos?, ¿Había llamado a la policía? o peor, tal vez, le dijo a su papá. Me quedo inmóvil del horror por lo que significa su presencia delante mío, justo en éste momento, en ésta hora y lugar. 
Sé que nota mi cara de espanto porque instantáneamente se sienta en el pasto frente a mi y agarra mi mano tan fuerte que salgo momentáneamente de mi burbuja de terror personal. Empiezo a tratar de explicar, pero no logro hacerlo. Lucas me calla apenas intento abrir la boca. 

-No necesito que me expliques-me dice sosteniendo mi mano aún y con ojos serios- Lo único que quiero saber es si estás bien y si querés que llamemos a alguien o por ayuda, tengo mi celular, puedo llamar a la policía. 

-No- casi grito. -La policía no puede venir Lucas, no puede. Por favor, jurame que no vas a llamarlos-digo con tono de desesperación. 
El me toma de ambas manos y ahora me doy cuenta el porqué, estoy temblando tanto que lo debo de haber asustado. No es esta situación la peor que viví en mi vida, pero me pone muy nerviosa cuando las personas se enfrentan. Me da miedo no tener el control y que todo se vaya al demonio en un instante. 

-No voy a llamar a nadie si es eso lo que querés-me promete, ahora ya no me mira con esos ojos preocupados, lo hace con ternura. Y si yo no estuviera tan agobiada por lo que está sucediendo pensaría en lo rara de ésta situación. Lucas jamás me había dirigido palabra más allá de algún que otro saludo formal, y ahora está acá en frente mío, viéndome en uno de mis peores momentos, escuchando mis lloriqueos y los gritos e improperios de mi madre de fondo. Pienso en que debería sentir vergüenza y echarlo lo más lejos posible, gritarle que no era asunto suyo. Pero su presencia y su ,al parecer, genuina preocupación me conmueve de algún modo y reconforta. ¿Acaso puedo confiar en ésta persona que está en frente mío?. 

- Ann, no llamo a la policía pero por ahí puedo pedirle a mi papá que se de una vuelta y trate… 

-¡Menos!- lo interrumpo. No quiero que el profesor juegue ningún papel en esto, después tendría que enfrentarlo en el colegio. Sería la peor de mis pesadillas.  
¿Me llamó Ann?, ¿Desde cuándo tanta confianza?, dejo pasar eso. Suena bien mi nombre en su voz y moriré antes de admitirlo, pero me gusta ésta repentina confianza, se siente natural. 

-Lucas -digo soltándome de su agarre, tengo que dejar de sentir su piel si quiero  concentrarme y poner las cosas en perspectiva. -No te preocupes, esto ya pasó antes, créeme. Ella va a empezar a rogarle que vuelva, que deje a la mujer de turno que esté viendo y él va a cansarse de sus súplicas y se va a ir y nunca volver. Pasa siempre-digo tratando de convencerlo a él y a mi misma un poco. Me seco las lágrimas, ahora que estoy un poco más entera me da vergüenza haber perdido la cabeza así y delante de él. No quiero que sienta lástima de mi, no puedo soportar eso. 

- Anda a casa, en serio, no es nada -digo fingiendo estar más calmada de lo que verdaderamente estoy. 
El me mira como no sabiendo que hacer que conmigo, por último, se queda sentado y se abraza a sus piernas. 
-Entonces esperemos a que terminen -sentencia. Lo dice con tanta decisión que no me animo a replicar, ya no me pregunto si puedo confiar en él. Sólo quiero saber quien es la persona que estaba enfrente mío. 

Los próximos veinte minutos son una copia del relato que le hice a Lucas. Mamá deja de pelear y empieza a rogar al hombre que vuelva, que deje a quien sea que está viendo. El entiende que lo que enfrenta es un caso perdido y abandona la casa minutos después. Mamá vuelve a gritarle con rabia que lo odia al verlo irse y luego se encierra en su cuarto.  
Suspiro de alivio en cuanto oigo al coche marchar, Lucas sigue sentado en frente mío. Ambos nos seguimos mirando sin decir una palabra, quiero decir algo, pero por alguna razón o por todas las razones del mundo ninguna palabra sale de mi boca. Me levanto del suelo y me sacudo los jeans mientras veo a él hacer lo mismo. 

-Bueno, ehh si no necesitas nada, me voy. ¿Ella va a estar bien?- pregunta. 

-Si, no es nada, mañana será otro día-digo mirando un poco el suelo, ahora que todo terminó, me siento un tanto incómoda. Consulto el reloj y veo que ya son las nueve, tengo que ir a buscar a Layla. 

-¿No vas a entrar?-pregunta curioso. 

-emmm, no, en realidad tengo que ir a buscar a mi hermana a dos cuadras- digo caminando hacia la vereda. 

-Te puedo acompañar, si querés - la sugerencia es dudosa, y noto un poco de nerviosismo en su voz. ¿Es porque lo considera necesario o porque justo hoy había decidido hablarme o simplemente quiere hacerlo?. 

-No, son sólo dos cuadras. No te preocupes, tendrías que ir a casa de todas formas. Se está haciendo tarde- digo tratando de sonar natural. 

Me empiezo a alejar para no tener que seguir con la charla, es de lo más extraño todo. Me doy cuenta como en un segundo puede cambiar tu percepción de una persona, esto fué lo máximo que había charlado con Lucas en toda mi vida. Y fue tan fácil, ese pensamiento me asusta más que cualquier otra cosa. 

Me doy vuelta para enfrentarlo de nuevo. Ya a cierta distancia ahora, y sólo puedo decir- Gracias - Doy la vuelta sin darle oportunidad a responder y sigo caminando llena de sentimientos confusos. 

Toco la puerta del bonito chalet, los padres de  Azul me saludan y me entregan a Layla, ella por supuesto jamás se quiere volver. Siempre tiene que jugar un rato más como sea. Los padres de la niña le dicen que puede volver cuando ella quiera. Con esa promesa, accede a volverse conmigo. Caminamos juntas las dos cuadras a casa, ella salta casi todo el tiempo. Me alegra el verla tan feliz, tan inocente.  
Layla corre el último trayecto y entra en la casa sin mirar atrás, yo camino más lento ahora para no llegar tan rápido. Había sido una tarde agridulce en todos los sentidos. Me quedo unos segundos en el porche aspirando el aire de la noche. Miro hacia la casa de enfrente en completa oscuridad, excepto por un pequeño farol ubicado en la entrada. Me acerco unos pasos, sorprendida al ver una sombra ahí.  
Lucas está apoyado sobre la entrada de su propia casa, me sonríe. 

-Sólo quería asegurarme de que habían llegado bien -dice su voz en medio de la noche. Y con eso da media vuelta y se va, entrando a su casa. 

Me quedo inmóvil viéndolo desaparecer en la oscuridad, definitivamente él es una persona extraña a mí, ahora lo sé.  
Sin embargo, no es eso lo que me asusta. Lo peor es que yo quiero conocer a esa persona.



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