Mi lista de blogs

domingo, 11 de marzo de 2012

Capítulo 10 parte 1 y 2 ¿Cómo llegamos acá?


Capitulo 10 parte uno ¿Cómo llegamos acá?
Lucas


La dejo ir. Verla alejarse hacia el final de la calle  hace que se me haga un nudo en el estómago. Pienso en mil razones para decirle que se quede o que me permita acompañarla, incluso concidero pedirle a Esteban que cuide a Layla para poder seguirla a donde quiera que vaya. No tengo ni idea adonde va e involucrar a mi hermano es un pésima idea. Ambos sabemos como se siente con respecto a ella, como yo debería sentirme con respecto a ella. Y sin embargo, acá estoy volviendome loco con la sóla idea de verla irse sin poder cuidarla. Ella tampoco quiere mi ayuda, y aún así no me importa nada. La seguiría adonde sea si no fuera porque Layla está dumiendo sola en la casa.
Abro la puerta con la llave que me dió y paseo un poco por el living, apago la televisión que sigue ensendida. Trato de no hacer demasiado ruido pensando en su hermana, que debería de estar durmiendo. Camino hacia donde creo que están las habitaciones, abro la primera puerta esperando que sea el cuarto de Layla. Sé que me equivoco cuando veo que la cama está vacia y perfectamente hecha. No hay nada tirado en el suelo, el escritorio está ordenado e inclusve hay una lista de quehaceres pegadas con papel a él. Veo un una foto apoyada sobre un pequeño espejo cerca de la ventana, en él están Anna y Layla abrazadas. Parece bastante actual, quizas del año pasado o un poco menos. Todo es blanco y puro en éste cuarto, todo es ella. Tan frio y tibio a la vez, tan vacio y lleno de alma. Ella nunca fué una sola cosa, ella es el blanco y negro más toda la gama de grises del universo.
Cierro la puerta y salgo inmediatamente del cuarto sin poder respirar, me quedo un segundo apoyado sobre la puerta tratando de no volverme loco con la soledad de mis pensamientos. Había decidido liberarme y no mirar atrás, dejar que sea lo que tenía que ser. Y si bien se sentía como una buena idea, cada vez que estaba tan cerca de ella, tan cerca de su persona, el remordimiento me atacaba de nuevo como un enjambre de abispas. Sentía como me pinchaba en todo el cuerpo, la peor parte es que estaba seguro de que lo merecía.
No se cuanto tiempo estoy parado frente al cuarto de Anna, sólo sé que de un momento a otro una nena en pijamas de ositos ésta adelante mio.


-eyy Lai -trato de sonar alegre. -Ann se tuvo que ir un ratito pero ya vuelve, me voy a quedar en el living, ¿sabés?. Es tarde para que estés despierta, anda a dormir tranquila. Voy a estar cerca, prometo.


-No podía dormir, no quiero que Ann esté sola en la calle- me dice con ojos tristes. El hecho de que la nena de 8 o 9 años tenga más conciencia que la madre por sobre donde estaba su hija me toma por sorpresa. Ellas merecen algo mejor que ésto, pienso


-Lai no te preocupes por Anna, ella es grande y sabe lo que hace- miento descaradamente esperando que se lo crea, yo mismo estoy a un pelo de ir a buscarla. -Además le dí mi telefono, si me necesita va a llamar-le digo con mi mejor sonrisa de “todo está bajo control”. Layla asiente casi convencida por mi pequeño discurso.


-Y ahora nos vamos a la cama - no la dejo decir nada más, la cargo en mis brazos y la llevo a la siguiente habitación que asumo que es su cuarto. La dejo sobre la cama y la ayudo a taparse con una colcha rosa llena de ositos al igual que su pijama.


-Que sueñes con los angelitos-le digo. -Y no te preocupes por Anna, yo me voy a encargar de ella-aseguro.


-¿De verdad?- me pregunta.


-De verdad, ahora y siempre- digo dándole un beso en la frente. Salgo de la habitación con la certeza de que no digo más que la verdad.




______________________________________________________



Capitulo 10 parte dos 

Anna 

Ya habían pasado tres horas desde que salí de casa, estoy caminando hacia la parada del ómnibus ahora, en las mismas condiciones en que llegué al centro de la ciudad. Con las manos vacías. Por supuesto que había encontrado a mamá, ¿qué tan difícil es encontrar a un alcohólico en una cuidad?. Sólo hay que asegurarse de buscarlo en cada bar que existe y, ¡bingo!. Fué en el cuarto local que visité que la encontré, estaba en la barra charlando con un hombre y completamente tomada. Alejé el tipo diciéndole que era una mujer casada y que su marido era un tipo enorme que estaba viniendo a buscarla muy enojado ahora mismo. Se fué en un abrir y cerrar de ojos. Ella me miró enojada, todavía no estoy segura si me reconoció o no, y siguió tomando. Mi presencia no cambió en nada su pequeña recreación. La tomé por el brazo y le pedí que nos fuéramos a casa, casi empiezo a forcejear con ella para que se levante de esa silla. No hubo caso, ella estaba con dos de sus mejores amigas. Una era la bebida, la otra una rubia que ni siquiera recuerdo el nombre. Estaba casi tan borracha como ella.  
Parada ahí con mi frustración, el dueño del bar se me acercó y me ofreció llamarle un taxi una vez que se quieran ir así ninguna manejaba. A esas alturas me pareció lo mejor, no iba a lograr sacarla de ahí ni a rastras. Como sea, me resigné. Que se tome todo el bar y termine tirada todo el día en la casa de la rubia, no me importaba. No en éste momento. Había dejado a Layla sola, me había obligado a salir en el medio de la noche a buscarla, y estaba metida en una situación complicada con Lucas. Sabía que cuando una persona pedía a otra un favor, se veía obligada a entregar parte de su vida privada. Yo había tenido que decirle la verdad a Lucas. Y cuando uno contaba ciertas cosas, simplemente no había vuelta atrás. 
Camino más rápido ahora, si sigo pensando y dando vueltas al asunto no voy a llegar más. Lucas me llamo nueve veces en las últimas tres horas y me mando seis mensajes de texto. Confieso que sí los conté. Y si bien estoy tranquila con él en casa, quiero sacarlo de ahí lo más pronto posible. Tengo miedo que piense mal de nosotros, que me juzgue a mi familia y a mí. Ahora sé eso. Me importa lo que el piense y ya estoy cansada de negarlo. 
Trato de mantener los ojos abiertos durante todo el camino, el ómnibus va casi vacío. Ni miro al reloj para no deprimirme, mañana iba a ser un dolor físico levantarme para ir al colegio. Pierdo en la batalla de no quedarme dormida y termino bajándome tres paradas después por lo que tengo que caminar ocho cuadras de más. 
Mientras sigo el a casa me doy cuenta de que voy a tener que decirle algo a Lucas. Lo más fácil sería decirle gracias y dejarlo que se vaya a su casa, espero que con eso sea suficiente, espero que no esté enojado por haberlo dejado en casa sólo hasta las dos de la mañana, espero que no piense mal de mi. Espero. Espero. Espero. 
Abro la puerta lo menos ruidosamente posible, y doy un paso hacia el living. Me quedo paralizada. La escena que veo no es lo que yo esperaba. Lucas está sentado muy rígido sobre mi sillón preferido, su papá está parado al lado de él. 

-Profesor- es lo único que sale de mi boca. La sorpresa me había quitado la capacidad de unir sujeto y predicado. Lo primero que pienso es que algo pudo haberle sucedido a mi hermana, pero desecho esa idea rápidamente. Lucas me lo hubiera dicho en la docena de veces que me llamo. Me podría haber dicho esto también, pienso. 

-Anna ¿de dónde venís?-me pregunta. Su seriedad me desconcierta, incluso en el colegio parecía más relajado. Llevaba su look clásico, pantalones de vestir color miel y camisa blanca. Su pelo castaño, al igual que el de Lucas, estaba despeinado, la única señal de que lo había sacado de la cama. 

-Yo t-t-tuve que hacer algo- digo casi tartamudeando. No tengo ganas de esto, no quiero dar explicaciones. Ésta noche había sido  un desastre total, y seguía empeorando. Le doy la respuesta más vaga que puedo, odio mentirle a él también. 

-Bueno, eso lo explica todo- dice en un tono sarcástico. -¿Hacer qué y en dónde?. ¿tiene que ver con el hecho de que tu mamá no está en casa?-me pregunta tratando de llegar a mi. 

-No, no está-logro decir. -Igual no se preocupe, no es nada, ya me encargué de eso. Lucas mira inmóvil desde el sillón, ¿es que no va a decir nada?. Sé que no tiene porque hacerlo, pero al menos podría soltar alguna mentira para librarnos a ambos de éste embrollo. Su falta de acción me frustra un poco. 

-No puede ser nada si volvés a tu casa a ésta hora. Imaginate mi preocupación cuando veo que mi hijo, que por cierto no tiene autorización para salir, no está en su cuarto ni en ningún otro lugar de la casa. Su hermano me dijo que lo vió cruzar de pura casualidad, cuando vengo hacia acá está solo y vos estás desaparecida. Además de que no quiere decirme ni una palabra acerca de adonde fuiste. ¿Cómo no me voy a preocupar?-dice recriminándome.- Si necesitas ayuda no tenés porque ir a Lucas, venís a mí- sentencia. 

-Elías discúlpeme- digo usando su primer nombre para marcar distancia entre ambos, jamás lo llamo así .- sólo me vi necesitada de un favor y Lucas estaba ahí. Le prometo que de ahora en más no voy a molestarlo ni a él ni a usted. Yo no sabía que no tenía autorización para salir ni tampoco pensé que me iba a tomarme tanto tiempo-digo con la voz más fría que puedo invocar.  
Si él estaba preocupado por su hijo, que sepa que no voy a arrastrarlo a ninguno de mis líos. Supongo que es normal lo que el profesor hace, debe de ser así como actúa un padre. Pero al mismo tiempo, noto como la ira y la vergüenza van subiendo por mi garganta. Lo único que no quería es más personas reclamándome. Él, que siempre está ofreciéndome ayuda, podría hacer eso al menos. Sólo está logrando hacerme sentir estúpida y un estorbo. Y si bien sé que no es así, que el me aprecia y demás, siento un nudo en la garganta y unas tremendas ganas de llorar. Supongo que éste es mi límite por hoy. 
  
-Sabés que no es eso a lo que me refiero-dice de repente acercándose a mí. Doy dos pasos hacia atrás alejándome. No quiero llorar delante de él. 

-Elías, Lucas les agradezco mucho por todo. En serio. Ahora es mejor que se vayan, es tarde y mañana ustedes se levantan temprano-digo sin ninguna emoción en el rostro.  Lucas me mira como buscando darme alguna explicación silenciosa. 

-Anna, mirame cuando te hablo-dice más fuerte de lo normal. 

-Elías le agradezco su preocupación, mi mamá va a volver mañana. Está todo bien, ahora vaya a su casa nomas- retrocedo hacia la cocina, esperando que se vayan de una vez. 

-Si tenés algún problema quiero que acudas a mí- grita está vez. -No se trata de Lucas ni de Esteban ni de mi mismo. Se trata de vos, así que en ningún momento te pienses que sos una molestia . Mi único deseo es poder ayu… 

- Dejála en paz-interrumpe Lucas. Ella entiende, sólo dale un poco de espacio. Además es tarde, vamos a casa- dice mirando hacia donde me encuentro parada. Ya van dos favores que me hace ésta noche. 
Se me escapan un par de lágrimas. Cuando el profesor vé que estoy llorando retrocede y viene en busca mío. Lucas lo toma del brazo y prácticamente lo empuja hacia la puerta de entrada. Le voy a tener que agradecer eso también, pienso. Finalmente cuando escucho el sonido de la puerta al cerrar respiro. No podía poner más caras de poker por el día de hoy, no podía fingir una tranquilidad que no sentía por un segundo más, no quería soltar otra mentira. 
Me doy un baño rápido y chequeo que Layla esté bien. Suerte para mi, está profundamente dormida. Cuando entro a mi cuarto veo que el reloj marca las tres am y aunque estoy agotadísima sé que no voy a conciliar el sueño tan rápido. Me tiro en la cama, y miro al techo por tanto tiempo que me cuesta identificar el sonido del celular proveniente de algún lugar en mi habitación. Me había olvidado por completo que todavía lo tenía, se lo tendría que devolver a Lucas mañana sin falta. Identifiqué el sonido cerca de mi ropa y me pongo a revisar los bolsillos de mis jeans. Cuando lo encuentro, veo que hay un mensaje, dice que proviene de un número desconocido. 

Me gustaría haberte evitado la escenita de ésta noche, perdoname 
Lucas?- texteo 
quien más?-escribe y me pone una carita feliz al lado 
no te preocupes, no es tu culpa-le escribo 
¿estás bien?- me pregunta 
si, no es nada- respondo 
Te voy a compensar mañana, que sueñes con los angelitos. 

Me quedo mirando el último mensaje sin saber que responder, ya había dicho que sí de todas formas. No me iba a echar atrás ahora. 
Siento que estoy avanzando en un camino lleno de niebla y que puedo llegar a terminar en cualquier lado. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario