Capítulo 11 Todos los corazones del mundo
Lucas
Lucas
Este capi fué el que más me gusto escribir hasta el momento. Dedicado a todas las dulzuras que se pasan a leerlo y dejan esos comentarios hermosos. Sisi, hablo de panchii, mel, manu, ameli, sprinkling (nia), snuffles, gisel, Mbdt27 y aldy. Muchas gracias!!! J
-¿Desde cuándo sos amigo de Anna?-esa fueron las primeras palabras que mi papá me dedica en cuanto bajo las escaleras para ir al colegio.
-No soy amigo de Anna- respondo con mala cara. Mentira, espero ser mucho más que eso. Pero tengo que mantenerlo lejos de ella, no iba a dejar que nadie la lastime. No sé si puedo decir eso de mi mismo.
-¿Por qué te llamó anoche entonces?- pregunta dispuesto a seguir con el interrogatorio.
-Porque le debía un favor, me ayudó con algo de química que necesitaba-miento de nuevo. -¿alguna pregunta más o va a seguir con el cuestionario?- digo con cierta ironía.
-El hecho de que mi hijo se haya escapado en medio de la noche me da el derecho a preguntar, me preocupo por vos Lucas- dice pronunciando perfectamente cada palabra y mirándome a los ojos.
-No es por mí por quien te preocupas- digo desafiante. En cuanto salen esas palabras de mi boca lo lamento. Tengo que mantener el control o se me va a ir todo de las manos.
-¿Qué se supone que significa eso?-me dice cambiando el tono de voz.
-Nada, olvidate-sólo logro decir. Me pongo a buscar mis zapatillas para salir de la incómoda situación en la que me había metido
- Creo que lo mejor es que no estés muy cerca de ella.-dice y le clavo la mirada al instante dejando lo que estaba haciendo a un lado. -Lo que quiero decir es que Anna tiene muchas cosas en su cabeza, ella no está pasando por un buen momento y lo último que necesita son más complicaciones-explica tratando de suavizar la conversación.
-¿Me estás llamando una complicación?- pregunto. Ahora si me estaba inquietando, sabía exactamente por donde iba todo esto. Falta que lo confirme, y realmente espero que no lo haga. No estoy listo para eso. Ni ahora ni nunca, pienso.
-No, claro que no. Sólo que no veo nada bueno saliendo de lo que sea que tenés con ella. Preferiría que te mantengas alejado, nada más-dice.
-¿Cuál es la verdadera razón por la cual no querés que salga con ella?- pregunto. Lo hago de nuevo, dejo que el adolescente impulsivo me domine. Lo miro retándolo a que me dé una respuesta. Si tiene que decir algo, que lo diga sin vueltas y ya. Lo quiera yo o no.
- No hay ninguna razó. Sólo que pienso que no es una buena idea-concluye. Mentiroso, sólo logro pensar.
-Bueno, no tenés que preocuparte por eso. No me interesa ser nada de ella, ¿contento?-lo miro. Si él iba a mentir, yo iba a seguir con la fachada. Vamos a ver donde vamos a terminar con éste juego.- Por cierto, andá nomas. Todavía tengo que buscar algunas cosas. Voy caminando en 5’- y lo dejo sólo en la cocina. No había más espacio para las mentiras en ese lugar.
Salgo de casa como quince minutos después, ya es bastante tarde. Anna ya debe de estar en el colegio. Camino sin apurarme, no voy a llegar a tiempo de todas formas. Pasaría a buscar el auto después de la práctica de natación, esperando que papá no esté en casa. Supuestamente tenía una clase ésta tarde, así que no me vería subir al auto con Anna. Sólo espero que ella no se arrepienta, es como jugar un tira y afloje. Yo me había tirado atrás un par de veces, y ahora estoy pagando por ello. Ella tiene razón en no confiar mi, no sé hasta donde puedo avanzar sin explotar.
Llego tarde por supuesto, recibo una mirada de desaprobación de papá que está en la puerta de entrada intercambiando palabras con otro profesor. Ni siquiera me gasto en saludar.
Trato de concentrarme en cada una de las clases, pero no lo logro. Cuando me preguntan simplemente no contesto. Mi carpeta de anotaciones está en blanco, como yo. Hoy siento nada y siento todo. Y la parte del todo tiene que ver con ella, hoy mi mundo gira en torno a ella.
Ya había empezado la clase de literatura cuando entro al aula, si la profesora iba a decir algo se lo guarda porque no dice nada cuando me ve. Me siento en el último asiento vacío que está en la esquina, bastante más delante de lo que me gusta estar. Giro para ver si está ahí. Sonrió al ver que me mira. Anna está al final de la clase, como de costumbre. Se está tejiendo una trenza en su hermoso pelo color caramelo. Hasta sus ojos brillan hoy, no parece la misma persona que anoche. Me alegro por eso, ella tiene que sonreír más seguido. Su sonrisa es lo más precioso del mundo, y un regalo para mí.
Con mímica le pregunto cómo está para que no me escuche la profesora, ella me responde con su pulgar para arriba y me da otra de sus sonrisas dulces. Si lo hace una vez más me voy a derretir, lo juro.
La clase dura una eternidad, cuando finalmente termina junto mis cosas y espero a que Anna se acerque.
-¿Sigue en pie lo de hoy?- pregunta mordiéndose el labio, ¿está nerviosa?. Ya somos dos.
- Claro, ¿pensabas dejarme plantado?-pregunto sonriéndole.
-Bueno, Lib va a ir a buscar a Layla al colegio. Si le llego a decir que no voy, ella me va a matar. Por alguna razón loca, le caes bien a ella.
-¿alguna razón?, me estás matando-respondo riendo. -Tengo práctica de natación hasta las dos. Si querés podés pasarme a buscar por el gimnasio y podemos ir los dos a casa a buscar el auto. ¿Te parece?.
- Perfecto, me da un tiempo para ir a la biblioteca. Todavía no me dijiste a donde vamos, ¿es algún secreto de estado?-pregunta.
-Para vos, si. Deberías dejar de preguntar, menos ganas me da de responderte-empiezo a caminar hacia la puerta, si sigo cerca de ella temo que nunca me voy a querer ir.- Por cierto, tenés que dejar de morderte el labio. Te va a sangrar. Suerte la tuya que no sea vampiro- digo. Bueno, ese fue un chiste pésimo. Ahora si salgo de la clase y camino solo hasta el gimnasio, dejando a mi sol y a todos sus planetas brillando en aquella habitación.
En la práctica estoy un poco desorientado, escucho partes de lo que me dice mi coach pero no logro procesar las instrucciones. Hoy funciono igual que una computadora vieja. Todo el mundo parece estar por encima de mí, por lo general yo soy el que está por encima de todos. Suena egocéntrico de mi parte, pero natación es el único deporte en que me destaco. Trato de compensar con esto, el hecho de que sea un asco en básquetbol y fútbol. Era lo mío, me sentía literalmente como pez en el agua. Mi momento de paz.
Hoy nada de eso pasa, sólo cuento los minutos para verla de nuevo. El coach está un poco enojado conmigo, me agrega seis vueltas más a la pileta antes de irme. Suspiro sin decir palabra, el hombre tiene razón después de todo. Ahora todos abandonan la pileta, y yo me dispongo a terminar mis vueltas para poder irme. Quedo solo en el gimnasio, soy sólo yo y el agua.
A la quinta vuelta me detengo un momento para tomar aire, logro divisar una pequeña silueta cerca de la puerta de entrada. Me saco las antiparras para ver bien, y me acerco al otro extremo de la pileta. Anna me saluda a los lejos.
-Perdón que me haya retrasado, me dieron un par de vueltas de tarea-digo.
-No hay problema, puedo esperar-dice ella. Veo su figura a lo lejos, lleva los jeans con los que la ví hoy y una blusa blanca. Casi tan blanca como ella. Tenía el pelo suelto ahora. Se veía muy parecida a su mamá, le agradezco a dios por eso.
- Sabés que te podés acercar, ¿no?. Digo, no muerdo después de todo- le sonrío animándola a que lo haga. Ella da apenas unos pasos y sigue mirándome a los lejos.
-No tengo mucho entusiasmo por el agua-logra decir mirando nerviosamente a la pileta.
-¿Eso quiere decir que nunca te bañas?- se ríe instantáneamente.
-Eso quiere decir que le tengo miedo al agua, nunca aprendí a nadar. Cuando era chica me caí en una pileta de una compañera de escuela, su mamá saltó para buscarme pero para ese entonces, ya había estado bajo el agua el tiempo suficiente como para no querer entrar nunca más-explica.
Salgo de la pileta al instante que me cuenta esa pequeña anécdota. Nunca la había escuchado decir tantas palabras juntas acerca de sí misma. Ella da dos pasos hacía atrás al ver que avanzo chorreando agua.
-¿Qué?-digo con picardía. - Mi toalla está en aquel banco- señalo al lugar donde supuestamente está mi toalla.
-oh, claro- dice ella aliviada. En cuanto mira hacia atrás esperando poder alcanzármela, prácticamente me tiro encima de ella. Anna pega un grito por la sorpresa y luego se echa a reír. La estoy abrazando completamente con mi cuerpo ahora, está casi tan empapada como yo. Ambos reímos. Tenerla entre mis brazos, tan cerca de mi cuerpo es la mejor sensación que pude haber experimentado jamás. Se siente fácil, se siente natural. Me siento completo.
-Te odio-dice ella entre risas.- Voy a tener que cambiarme ahora.
-Estás perfecta para mi- le digo al oído todavía tapándola con mi cuerpo. No tengo ninguna intención de dejarla ir. Ella no se mueve para nada, estamos casi pegados el uno al otro. Siento su perfume de flores y toco la suavidad de su pelo. Escucho su respiración agitada en mi oído. Acaricio su cuello con mis labios, sin poder contarme le doy un beso en el cuello.
Por un momento no decimos nada, sólo estamos los dos ahí, sintiéndonos. El resto del mundo puede desaparecer, no me importa. Esto es lo real para mi, éste pequeño momento lo es todo. La empiezo a soltar de mi agarre con cierta tristeza, es un dolor físico hacerlo. Ahora sólo estamos uno frente al otro mirándonos, ya no reímos. Ella no intenta alejarse, sólo se resigna a mirarme. Nos estamos diciendo todo con la mirada, siento que mi pulso se ésta yendo a luna en éstos momentos. Siento como ella respira más rápido de lo normal. La adrenalina que siento en éste momento no se compara con nada. Sus ojos color caramelo son lo único que puedo ver en toda la habitación. Es como si todo lo demás hubiera desaparecido, entregándose a su encanto.
No dudo, no pienso, sólo siento. La tomo por la cintura y poso mis labios en los suyos. Si esto es prohibido, más vale que valga la pena lo que venga después.
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