Capítulo 8. Te veo, te siento, ¿te quiero?
Anna
Miento si digo que no me pasé la mayor parte de la clase de historia pensando en Lucas, o la de biologia, o la de Publicar entradaartes. Para ser completamente sincera había pensado toda la mañana en él. Hasta ayer estaba decidida a alejarlo lo más que pudiera de mi, hoy era todo diferente. Yo sé que es más fácil no tenerlo cerca, me evita un montón de confusiones y frustaciones innecesarias. Debería hacerlo, sé que tengo que hacerlo…sólo que no quiero. Comienzo a entender ahora lo adictivo que puede ser tener a alguien cerca tuyo. Es agradable saber que esa persona está pensando en vos, o que se molesta en ayudarte en cosas pequeñas o que simplemente está ahí. Puede no significar nada o puede significarlo todo. Realmente, a éste punto, estoy conciderando la idea de que seamos amigos. ¿qué hay de malo en eso después de todo?, vivimos cerca por lo que podríamos hacer tarea juntos, hablar, reirnos un rato o simplemente pasar el tiempo. Es completamente posible, pienso para mi misma. Hay muchas cosas de Lucas que no comprendo ni de lejos ni de cerca, pero una amistad informal no le haría daño a nadie.
Por lo general, me siento incómoda con gente a mi alrededor. Es más sencillo alejarlos para que no me juzguen, para no tener miedo a que no les guste. Jessica y clara eran mis amigas superficiales, y si bien sé que era completamente injusto para ellas, era lo máximo que yo podía entragar en éstos momentos. Con Lucas podía ser igual, podriamos ser amigos sin necesidad de tener ninguna relación profunda.
Entro al aula de literatura sabiendo que lo voy a ver, me pongo en alerta casi al instante. ¿Qué se supone que estoy haciendo?, no podía ser así de irracional si iba a ser amiga de él. Había dicho amistad y me iba a apegar a eso, nada más. Recorro el aula con una rápido vistazo, Lucas todavía no llegó. Me siento al fondo del aula como de costumbre, un tanto alicaída sabiendo que es muy probable que ya no hable con él hoy. Una vez que llega la profesora ya no hay mucho lugar para conversaciones ni murmuros. Saco mis apuntes de la mochila y empiezo a jugar con el lápiz un tanto aburrida cuando veo que el traspasa la puerta. Ver su cuerpo alto y esbelto atravezando la habitación me llena de una emoción repetentina. Lleva una remera blanca y una camisa marrón semi abierta arriba que contrasta con sus ojos muy verdes, los jeans azules perfectamente ajustados a su cuerpo trabajado por la natación y el cabello rebuelto, que me hizo saber que hoy tampoco se había peinado. Me condeno de inmediato por mirarlo de esa manera, estaba completamente fuera de lugar y esa clase de pensamiento me iba a traer muchos problemas. Me quedo observando fijo a mi pupitre castigándome, de alguna forma, esperando que él se siente lo más lejos de mi posible, como de costumbre.
Mi sorpresa es grande cuando él se sienta a mi lado, Sigo mirando al pupitre para evitar hacer o decir alguna tontería.
-¿Por qué la cara larga?- le oigo decir.
-¿Por qué que te importa?- contesto. Ouch!, ¿qué es lo que dije?. Dos segundos cerca del chico y ya le tiraba una respuesta defensiva. No podía confiar en mí cerca de él, sólo buscaba confrontar todo el tiempo.
-Porque sí - Contesta haciendo énfasis en la parte del sí. -Y por cierto, no tenés que buscar pelea cada vez que me ves. Ya te lo dije, me equivoqué sí, pero no va a volver a pasar nunca más.
-Eso seguís repitiendo-dije con incredulidad. Realmente no sabía como las palabras estaban saliendo de mi boca, pareciera que lo único que quería era ofenderlo o algo así. Realmente no quería, el demonio de alguna adolescente aniñada y dolida me estaba poseyendo.
Vuelvo a mirarlo. Había dejado que nos traiga hasta el colegio, lo sé pero eso no significaba que ya tenía mi confianza de un momento a otro ¿o si?. Realmente quería que fuéramos amigos, así que cual fuera que fuese el motivo que hace que mi boca se abra para pelear con palabras, tenía que dejarlo ir. No me estaba ayudando.
-¿Sabés qué?, Tenés serios problemas de confianza -me dijo medio sonriendo.
-Lo sé- dije, y yo no bromeaba para nada.
La profesora llega y comienza un monólogo larguísimo sobre los diferentes errores que se cometen al escribir un ensayo, que era nuestro próximo proyecto. Dibujo aburrida en los márgenes de mi hoja, apenas me doy cuenta que Lucas me ésta pasando un pedazo de papel.
¿ Vamos a comer algo por ahí después de la escuela?, estoy muerto de hambre.
Le escribo rápidamente que no puedo, que tengo que ir a buscar a Layla después de colegio, llevarla a casa e ir a trabajar. ¿Qué es lo que pretendía de todos modos?, podíamos ser amigos y demás pero tampoco necesitaba estar todo el tiempo con él. Además, su muy repentino buen humor y predisposición a nuestra nueva amistad me asustaba. Cada vez que Lucas daba un paso hacia delante, daba tres para atrás. No quería más drama de lo que ya había en mi vida. Me pasa el papel de nuevo mientras yo debato conmigo misma.
Nunca dije que no llevemos a Layla, vamos a buscarla y nos la llevamos con nosotros.
Tenía que admitir que mi fuerte resolución a mantener las cosas entre nosotros informales se rasgaba un poco cuando veía esa parte de él. Incluso hoy viéndolo reir con mi hermana en el auto, me había aplacado un poco. Es como estar en un dolor constante hasta que alguien te anestecie, eso representaba él para mi de alguna u otra manera. No respondo a la nota esta vez porque estoy casi segura de la que la profesora nos está viendo.
Toca el timbre de salida unos diez minutos después, estoy a ésta altura segura de que no aprendí nada de la clase de hoy. Creo que sólo llegué a copiar el título y nada más. Miro la hoja casi en blanco de mi pupitre con cierta tristeza, ser una buena alumna era importante para mi. Era lo único que tenía en éstos momentos, no podía permirtirme arruinarlo.
-¿Te querés quedar a vivir acá dentro?-pregunta Lucas con una amplia sonrisa.
- Yo sé que te gusta la escuela, pero creéme, no es para tanto-me dice divertido.
Empieza a guardarme él mismo los útiles cuando ve la inersia de mi cuerpo, trato de tomar mi mochila de nuevo pero él la saca de mi vista y sigue poniendo todos los útiles en ella. Una vez que termina se la cuelga al hombro, junto con la suya y me marca el camino de salida.
-¿Vas a caminar por mi también?-le pregunto de forma irónica y un poco divertida por la situación también.
-Te puedo colgar a mi hombro, pero conociendo lo difícil que sos para dejar que alguien se te acerque no voy a hacerlo- dijo mirandome a los ojos.
-Puedo llevar mi propia mochila, gracias- le reclamo. Y sí, me siento incómoda al instante que dice que soy díficil para dejar que las personas se acerquen. Me siento incómoda porque sé que tiene razón. Dejo que él lleve la mochila hasta afuera, no era algo por lo que valía pelear.
-Ahora sí me tengo que ir- digo una vez fuera de la escuela y haciendo ademán para que me devuelva mis cosas.
-¿Qué hay de ir a comer?- insiste Lucas.
- Te dije que no puedo, Layla tiene que ir a casa a hacer su tarea y yo también, y después tengo que trabajar y…
-¿Alguna excusa más?- pregunta. -Creo que te falta decir alimentar al perro- se burló divertido por la situación.
- No son excusas, es la verdad. Tengo una vida. Y si realmente pensás que lo son, entonces deberías dejar de preguntar- digo algo enojada de pronto.
- No tengo intención de hacer eso-dice mordiéndose sus labios tratando de esconder una sonrisa. Me devuelve la mochila antes de ir a su auto. -Por cierto, sos más linda cuando estás enojada. Y se va dejandome completamente aturdida entre mis propios pensamientos y el eco de su hermosa voz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario