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domingo, 11 de marzo de 2012

Capítulo 12 Despertar 


Anna.

Me siento como una muñeca de trapo, estoy completamente a su voluntad. Al parecer no soy inmune a los encantos de éste chico. Lucas me toma por la cintura violentamente y pega sus labios a los mios. Entro en pánico. ¿Qué se supone que debo hacer?. Estoy en el gimnacio, completamente empapada y en los brazos de alguien a quien no entiendo pero que me tiene absolutamente fascinada. No quiero pensar, sólo quiero vivir el momento, quiero permitirme ésto.
Sus labios húmedos tocan los mios, siento sus brazos alrededor de mi cintura sosteniéndome. El beso empieza lento, Lucas parece estar reconociendome por primera vez. Su respiración cálida acaricia mi rostro mientras comienza a besarme la comisura de mis labios, tomándose su tiempo para tomarlos enteros. Escucho débiles gemidos salir de su boca, ¿estaba tan entusiasmado como yo?. Sus manos acarician mi espalda hasta donde empiezan mis jeans, aprovecho para abrazarlo también. Lo quiero cerca de mí, lo quiero tan cerca que duele. Siento que el desea lo mismo, me apreta contra su pecho con una fuerza desconocida para mí. El beso se vuelve más hambriento, más violento, más voraz. Se vuelve una necesidad. Su lengua prueba mis labios y un frio escalofrío me recorre. Podría ser el hecho de que estoy empapada, podría ser otra cosa. Saboreo su aliento con gusto a menta, su sabor en mi boca, sus labios mojados. Estabamos hirviendo a pesar de que sabía que eso no era posible, todo lo relacionado a él era calor para mi.
Cuando ambos rompemos el beso para poder respirar, sólo nos quedamos ahí parados como estatutas mirándonos. Lucas me dedica una tímida media sonrisa, ¿ahora le daba vergüenza?. No puedo evitar sonreir, prácticamente me había comido la boca. Había mucho más detrás de la máscara, y estaba completamente loca por descubrir que era.

- Emmmmm, bueno emmm wow ¿Hace calor no?-dice y estalla a reir.

-Tendrías que haber seguido, ahora que paso el momento me voy a congelar-digo con demasiado sinceridad. ¿Realmente le acabo de decir eso?, alguien debería cortarme la lengua ahora mismo.
Automaticamente me vuelve a abrazar, sus brazos fuertes me rodean completamente. Debe de ser una de las mejores sensaciones del mundo, estar sostenida por alguien. Alguien como Lucas. Oculto mi rostro en su pecho para no pensar en lo que ésto puede significar para mi, para la coraza que siempre llevo puesta, para el poco orgullo que me queda. Si me entrego sin reservas a una persona, puede ser lo más hermoso que me pueda pasar o la peor experiencia de mi vida.
En éste instante, en éste lugar y rodeada de sus brazos, sintiendo los latidos irregulares de su corazón, puedo percibir el despertar de algo nuevo. Una necesidad de tenerlo que no estaba ahí antes, me consume, me lleva por delante. Y lo único que me importa…
…es que no se termine jamás.

Estoy corriendo por toda la casa ahora. Lucas me había concedido unos minutos para cambiarme mientras él iba a buscar el auto. Estuve más de cinco parada en frente de mi ropero. Nunca había sido muy coqueta que digamos, no me interesaba mucho mi apariencia ni como los demás me percibían. Hasta ahora, claro está. Lo único bueno es que no tenía mucho para elegir, la mayoria eran jeans gastados y alguna que otra blusa que logré comprarme con las propinas que hice con mi trabajo. Me decidí por un vestido blanco largo bastante veraniego que me había regalado Lib para alguno de mis cumpleaños. Jamás lo había usado, era demasiado lindo. Me sentía rarísima llevándolo puesto. Evité mirarme al espejo, me ponía nerviosa.  Sabía que iba a morirme de frio si se hacia tarde con esa tela tan fina así que me puse a buscar mi saco de hilo largo por toda la casa.
Corro de habitación en habitación tratando de recordar donde lo había dejado, incluso chequeo el cuarto de mamá. Su habitación está tal cual la encontré anoche. De repente, me inunda una tristeza que me paraliza. Es la culpa, culpa de no haberla traído a casa. Debería haberlo hecho incluso a las rastras. Ahora ella estaba con aquella rubia borracha dios sabe donde. Sabía que iba a volver, siempre lo hacía.  Pero eso no significara que doliera menos.
La bocina del coche de Lucas me saca de mi ensimismamiento, cierro la puerta y no vuelvo a mirar. Ésta tarde no iba a pensar en nada más que en mí, iba a ser egoísta por un momento. Necesitaba unos minutos de vivir mi propia vida si quería volver a enfrentar la rutina diaria que significa este caos. No soy una mala persona, me repito a mi misma. No lo soy.
Encuentro el saco en el living y salgo de la casa. Lucas me espera dentro de auto. Subo en el asiento del copiloto y le sonrio. El me mira sin arrancar aún.

-¿Qué?-pregunto. -Sé que te hice esperar, perdón. Jamás logro encontrar nada, ya sabés porque siempre llego tarde al colegio ahora.

-No es eso. S-sólo es que estás hermosa- dijo nerviosamente. -Me podría acostumbrar a verte de vestido, sólo avisame antes para que esté preparado. Sabés, me podría atropellar un auto -dice guiñándome un ojo.

-¿Eso fué un piropo?- pregunto divertida.

-Eso fue la verdad, no deberías de estar sorprendida-y empieza a manejar llevándonos ni idea donde.

Vamos por calles conocidas hasta el momento, miro por la ventana en un intento de saber donde me lleva. Sigo sin saber y éstas alturas, ya no sirve de nada.  Trato de no voltear la vista demasiadas veces, no quiero que sea obvio que no puedo dejar de mirarlo. En una de mis tantas idas y vueltas visuales, noto que el también me está mirando. Estallamos ambos en risas. Los ojos verdes de Lucas brillan, jamás lo había visto tan alegre, estoy segura que el podía decir lo mismo de mí.

-¿Ya estamos llegando?-pregunto con impaciencia.

-No, cuando lleguemos te vas a dar cuenta. Aunque para ser sincero, ahora que sé que le tenés miedo al agua, no estoy seguro de que sea una buena idea-duda.

- ¡No le tengo miedo al agua!-digo frustrada. Sólo no me gusta nadar en donde no pueda apoyar mis pies. Él rie autómaticamente tras escuchar mi comentario.

-Por cierto-cambia abruptamente de tema, dejando de sonreir- Sé que no es asunto mio y que te dije que te iba a ayudar con lo que necesites sin preguntar, pero no me dijiste que pasó anoche al final. Cuando te ví sana y salva en la puerta, no me importó nada más. Pero, bueno, quería saber si la pudiste encontrar. A tu mamá, digo.
Lucas se había puesto nervioso de repente, sabía que era un tema delicado. Pero de nuevo, yo le había pedido un favor. Él tenía todo el derecho a preguntar, supongo. Sólo que me ponía triste hablar de eso. Es parte de la vida que tengo que no puedo controlar y lo odio.

-La encontré-digo finalmente después de perder una lucha interna para no pronunciar esas palabras. -Estaba en un bar, nada nuevo en eso. No quiso volver conmigo, traté pero al final decidió quedarse con una de sus amigas. Hoy tampoco estaba en casa cuando me desperté-confieso tristemente.
Lucas me mira con mucha atención mientras le informo de la situación. Siento que se preocupa y no quiero que lo haga. No quiero lástima ni de él ni de nadie. Miro hacía la ventana para evitar sus ojos.

-No te preocupes-le dije. -Siempre vuelve. La sonrisa falsa que le dí no me llego a los ojos.
Él solo asiente, no se si es para no decir nada o porque no sabe que decir. Da igual para mí.

-Tu papá está enojado conmigo-logro continuar la charla.

- Mi papá jamás está enojado con vos-responde. -Él sólo se enoja conmigo.
Era él ahora el que ponía una sonrisa triste. -El se preocupa por vos, te aprecia mucho y también está preocupado. No es el único, yo también lo estoy.

-No hagas ésto-le suplico. -Eso es lo único que no puedo soportar Lucas, lástima no. Hay cosas peores en la vida. 

Él frena el auto en seco, estamos en el medio de la nada. El paisaje campestre me es conocido pero no logro saber de donde. Lucas busca mi mirada con una severidad en los ojos que me recuerda a su papá. Lo miro sin comprender.

-Hay una diferencia abismal entre estar preocupado por una persona y sentir lástima por ella. Tenés que dejar de hacerme esto. Vos te quejas que yo voy y vuelvo todo el tiempo. Bueno, yo digo que tenés que dejar de ser tan cabeza dura en lo que se refiere a ayuda de los demás. Es parte de querer a alguien. Estás rodeada de peleas entre tu mamá y desconocidos, te vas a la madrugada y no me decis donde, andás todo el día sola sin importar lugar y hora. ¿Cómo esperas que no tenga miedo por vos, que no me preocupe?. Siento miedo por vos, por lo que te pueda pasar, porque sé que tenés que estar moriéndote para que vengas a pedirme ayuda. Y no quiero que sea así. Quiero estar cerca tuyo, quiero que me dejes ayudarte y me gustaría que confies más en mi. No es lástima, es amor.

No sale absolutamente nada de mi boca. Yo, que soy capaz de  prolongar un intercambio de palabras por la eternidad si es necesario. La palabra amor era lo que me había dejado más desconcertada. Era lo más directo y profundo que alguien me había dicho jamás. 
No encuentro nada en mi mente que pueda corresponder a eso, asi que sólo asiento y tomo la mano de Lucas. Él me da un ligero aprentón y una mirada dulce. Vuelve a manejar, pero no me suelta. Hoy somos una sola persona.

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