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domingo, 11 de marzo de 2012

Capítulo 6. Espacio



Capítulo 6. Espacio
Anna 


Salgo de la sala de profesores como un rayo. No pude decir o hacer nada, sólo me había quedado ahí petrificada dejando que me humille. ¿Qué me había pensado?, que el haya sido amable una vez porque me vio desdichada no significaba nada. El no quiere tenerme cerca, sólo había actuado lo más amablemente que pudo como lo habría hecho cualquier otra persona. Sólo eso, y ahora que ya pasó no significa que me quiere como amiga. Ni como amiga ni como nada. Eso lo había dejado bastante claro. 
Ahora me encuentro caminando en cualquier dirección luchando con las lágrimas que amenazan con salir de mis ojos. No es sólo el hecho de que él se comportó como un idiota conmigo, sino que me siento humillida e indefensa. Es por eso que me alejo de los chicos de la escuela, no quiero jamás ser juguete de ninguno. Un juguete que pueden manipular a su gusto. Yo no soy así, tengo orgullo. Un orgullo que Lucas acaba de destrozar con 5 o 6 palabras que salieron de su boca. Ni siquiera pude fingir que no me importaba lo que decía, me llevé tal sorpresa que actué como haría cualquier otra chica a la que un chico lástima. Quedé como una tonta, y sólo pensarlo me dan más ganas de llorar. 
Salgo de mi ensimismamiento cuando veo en mi reloj que estoy llegando tarde para buscar a Layla, dios me había quedado dando vueltas por el colegio mucho tiempo. Corro hacia la puerta de primaria, veo que ya no hay casi nada de gente. Logro verla.  Está del lado de adentro del colegio y una maestra la está abrazando, no es la suya. Asumo que es la encargada de la puerta el día de hoy. Me acerco a ella y veo que había estado llorando. Sólo me puedo sentir horrible, punto. Layla siempre tiene miedo que la deje olvidada en el colegio, mamá lo había hecho un par de veces y esa es la razón por la que yo empecé a ir a buscarla. 

Me arrodillo en el suelo e hice que me mirara a los ojos - Es la última vez que voy a llegar tarde, te lo prometo. No hay nada en el mundo que pueda hacer que me olvide de vos, ¿Entendés?. Hoy sólo me retrasé un poquito más de la cuenta, sólo eso. No va a volver a pasar-digo tratando de convencerla. Sus ojos azules seguían mirándome. 
Ella sólo asiente y me da un abrazo. Caminamos juntas a casa de la mano, Layla se para a arrancar flores de los arboles de tanto en tanto. Yo, en cambio, no logro entender como éste día se había convertido en un desastre en tan poco tiempo. Más doy vueltas al asunto, peor me siento. Tal vez es mejor que olvide todo desde el principio y hacer como que Lucas nunca existió. 
 Cuando llegamos a casa, mando a Layla a ordenar un poco su cuarto. Está toda la ropa tirada y la cama desecha. Chequeo que mamá esté en su habitación, la encuentro mirando el canal de las compras con una copa de whisky al lado. Parecía normal, para ser el mundo de ella. Lavo los platos sucios que había quedado del desayuno y le llevo a Layla un vaso de leche con tostadas por si tiene hambre. Lib me llama para ver si quería trabajar en el turno de la noche, acepto de inmediato. Necesito la plata para ir al supermercado, sino no iba a tener mucho que cocinar ésta semana.  
Layla se va a tener que quedar sola con mamá por un rato, no me gusta para nada la idea pero no veo muchas soluciones. Ya abusamos lo suficiente de sus amigas del colegio y demás vecinos con los que se queda lo sábados. Tampoco quiero que sepan más de nosotras de lo necesario. 
Hiervo unas verduras que habían quedado en la heladera y hago un poco de fideos, dejo todo listo tapado en la cocina para cuando Layla quiera comer ésta noche. Voy a su habitación y le explico que me tengo que ir y que su deber es cuidar la casa, asegurarse que mamá estuviera bien cada ratito, ir a darse un baño antes de comer y calentarse la comida en el microondas. Le doy un beso y un abrazo y salgo de la casa. 
La cafetería está bastante llena de gente para ser un día se semana, me la paso de una esquina a otra llevando café a los impacientes clientes. Lo único bueno es que no tengo ni tiempo para mirar la hora y desear estar en casa ya. Trabajo duro corriendo de un lado a otro e incluso ayudando en la cocina. A eso de las nueve, se empieza a vaciar un poco el lugar y me da unos minutos para sentarme a tomar un vaso de jugo. No me daban más las piernas y me recuerdo a mi misma que sólo falta un hora para que termine mi turno. Escucho la puerta abrirse atrás mío, y rezo por que la gente deje de entrar de una vez y se vayan a su casa para que podamos cerrar. 
Suspiro cuando pasaron los diez  minutos de mi descanso, me levanto para ver si mis mesas necesitan algo más. Mientras una parejita me está haciendo su pedido, lo veo sentado en la mesa de la esquina de la cafetería. Casi se me cae la lapicera que estoy usando cuando lo veo, ¿Qué es lo que está haciendo acá?. Lucas me saluda tímidamente con la mano en cuanto me ve. ¿Se supone que tengo que ir a tomarle el pedido?, lo último que quiero es verlo en éste momento. Mi orgullo no se había recuperado ni mucho menos, sus palabras me habían sacado lágrimas de los ojos. No logro entender éste ir y venir de su personalidad, un día se comporta como un amigo y al otro me trata como bolsa de basura. Cual fuera el problema que el tuviera, no me interesa. No quiero saber nada de él, y sin embargo, acá está. 
Camino hacia la mesa donde Lucas estaba, debería preguntarle como está después de lo de hoy, pero ¿Para qué aparentar que me importa?. Sólo le tomaría la orden y nada más. 

-¿Qué te puedo servir?- digo sin mirarlo a la cara, no quiero hacerle notar, de nuevo, que había logrado herirme. 

-ehh un café y…cinco minutos de tu tiempo -dice. 

-¿El café sólo?-logro decir, no me imagino para que quiere cinco minutos pero desde luego que no voy a dárselos. 

-Con leche -dice. -¿Qué hay de los cinco minutos?-pregunta. 

-No tengo cinco minutos, tengo que trabajar. No tengo ni quiero darte cinco minutos, ni tres ni dos-digo subiendo un poco mi voz, eso me toma por sorpresa. Realmente no quiero dejar que él vea que me afecta, pero por alguna razón no hago otra cosa que delatarme con cada palabra que sale de mi boca. 
El busca mi mirada y me toma la mano, me deshago de su agarre lo más rápido que puedo. 

-Sólo cinco minutos, por favor-me ruega.- Puedo esperar, si querés-. 
Veo que no se va a dar por vencido fácilmente así que me siento en la silla que está frente a él y suspiro. -Tenés exactamente un minuto, Lib es una amiga pero eso no significa que yo puedo pasar la hora socializando con clientes. 

-Yo no soy un cliente-me dice. -soy tu amigo. 

-Vos no sos nadie-repito. -y más vale que te apures porque te quedan cincuenta segundos-. 

-Perdoname- lo escucho decir y sus ojos verdes brillan en la luz tenue de la habitación. Veo su cabello oscuro y mojado prolijamente cortado, sus labios rosas pronunciando esas palabras, su sweater color beige que marca su cuerpo trabajado por el deporte. Me estoy perdiendo en éstos pequeños detalles, y me desprecio al instante. El se comportó de la peor manera conmigo. 

-Lo que digas Lucas, da igual-sólo logro decir. El me toma por el brazo para que lo mire. 

-No da igual, me comporté como un idiota y te pido perdón por eso. Yo estaba frustrado, enojado y desorientado. Odio sentirme así y me desquité con la persona que tenía en frente, eso fué injusto de mi parte-. 

Ahora si lo estoy mirando, quiero creer todo lo que dice. Pero a la vez, decirle que lo perdono es darle permiso para que me vuelva hacer algo así. No puedo negar que yo quiero estar cerca de él, quiero conocerlo. Yo había visto otra cara de su persona que me había impresionado, la cara dulce, llena de compasión. Y sin darme cuanta y de un momento a otro, había  vuelto a ser la persona que me ignora y me desprecia. Me había olvidado lo hermoso que era tener alguien que se preocupara por uno, como él lo había hecho. Pero a la vez, si uno se abría a una persona, cosas como éstas podían pasar. De repente, se viene el cachetazo cuando uno menos se lo espera. 

-Anna, te pido que me perdones. Yo no soy esa persona que crees que soy, lo único que te pido es una oportunidad para que veas que podemos ser buenos amigos. No me voy a ir hasta que no me perdones-insiste. -Lo último que deseo es lastimarte, sos una buena persona y yo sólo me equivoqué- concluye. 

No tengo respuesta a eso, el menos no por el momento. Así que me levanto y lo dejo solo. El me sigue con la mirada pero yo ya no volteo para verlo, si el  quiere quedarse toda la noche, que lo haga. No puedo estar cerca de él, si lo hago corría el riesgo de perdonarlo y me niego a ser tan fácil de persuadir. El había tenido un mal día después de todo y tal vez, como él dijo, sólo se había descargado conmigo. Eso no significa que duela menos. Todo duele cuando la persona te importa, y vaya a saber porque razón a mi me importa Lucas. 
Atiendo un par de mesas más, sirvo más cafés, jugos y sándwiches. El reloj marca las nueve y media, sólo media hora más, me digo.  
Lo quiera o no y como después de media hora, me decido a pasar el pedido de Lucas, jamás le había llevado el café que me pidió. 
Diez menos diez me saco el delantal y busco mi bolso y mi saco. Lib se iba a quedar cuidando las mesas que restaban hasta las 11, cuando el negocio cerrara. jamás me deja quedar tan tarde los días de colegio. 
Antes de irme tomo la bandeja con el café con leche para Lucas, que todavía está sentado esperando que le hablara. Llevo en la bandeja su pedido con un vaso de agua y un muffin de vainilla, para que vea que no hay rencores. Había tomado una decisión en los últimos diez minutos. 
El ve que me acerco y amaga para decirme algo, lo interrumpo. 

-Acá está tu café- digo depositando la taza en la mesa con el muffin. -y acá esta tu agua-. No hay tiempo para echarse atrás, agarro el vaso de agua y se lo tiro de lleno en la cara. El me mira completamente empapado sin comprender 

-Por cierto, te perdono-le digo. Y salgo por la puerta sin darle oportunidad a decir nada.

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