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domingo, 25 de marzo de 2012

Capítulo 15 parte 1. Siempre es de Noche



Anna

El reloj marca la una y diez de la mañana, estoy en la cocina leyendo el libro de historia. Leyendo es decir mucho, hace quince minutos que estoy repasando la misma línea sin poder avanzar. Pienso en Lucas, en mamá, en el examen y en Lucas de nuevo. El examen parece, a estas alturas, un caso perdido. No logro recordar absolutamente nada de los sucesos que llevaron a la segunda guerra mundial. Lo de Lucas es un tema más complejo, lo de complejo se debe a que no está cerca en este momento. Haberme separado de él, por más que sé que voy a verlo en la mañana, significó un muy alto esfuerzo de mi parte. Admitir eso duele también, especialmente a mi ego de chica superada que no necesita hombres. Lo único que quiero es tenerlo cerca, me importa nada mi orgullo en estos momentos. ¿Cómo hacen las chicas con novio en la escuela para concentrarse en sus tareas? No es que Lucas sea el mío. Digo, algo somos. No estoy muy segura de que realmente. Se está definiendo conforme cada paso que damos.

Mientras trato de disipar todas estas inquietudes de mi cabeza, me dispongo a leer la próxima línea esperando poder avanzar de una vez por todas. Levanto la cabeza del libro cuando escucho el sonido de una llave en la cerradura. Me asusto en un principio pero al ver que la puerta no se abre, pienso en una sola persona. Camino descalza hacia el living y me asomo por la ventana. Por supuesto que es ella, está metiendo la llave equivocada como de costumbre. Abro de golpe y casi se cae arriba mío por la sorpresa. El olor a alcohol me inunda y asquea por completo. Trato de enderezar su postura y la miro de arriba abajo para ver si está completa. Su ropa no es la misma que estaba usando cuando se fue, quiero creer que es porque su amiga le presto la ducha para darse un baño en algún momento. Su pelo castaño luce hermoso aun estando sin peinar y su rostro sin ese maquillaje horrible la hace ver más joven aún. Ella me mira dedicándome una sonrisa como si esta situación no tuviese nada de peculiar. Me da una palmada en el hombro y se dirige a su habitación caminando irregularmente. Al menos se acuerda dónde está, pienso al verla entrar al cuarto correcto.
Me asomo por la puerta sólo para ver si necesita ayuda. Veo que se acuesta vestida y se tapa con una delgada manta azul que no lavo hace muchísimo tiempo, ni me acordaba que existía. Se duerme al instante. Al menos una de las dos puede hacerlo. Me quedo en la puerta de la habitación mirándola dormir, me hago una bola contra la pared y me siento por un rato cerca de ella. No quiero que empiece a vomitar sobre su cama, ni sobre ella, no de nuevo. 

No sé cuánto tiempo estuve ahí, sólo que ya es de día y tengo que empezar a correr para ir al colegio. Mamá no se movió un centímetro en toda la noche, su sueño parece placido y tranquilo. No puedo decir lo mismo del mío. Sé que cerré los ojos un par de veces, pero dormir sentada contra la pared no es dormir para nada. Me duele todo.
Busco el libro de historia y lo meto en la mochila, lo mismo hago con mis apuntes y lápices. Tendría que haber ordenado todo antes. Voy a mi cuarto, me calzo unos jeans limpios y una camiseta azul. No encuentro mi campera por ningún lado, así que abandono esa búsqueda. Tal vez ni frio haga afuera de todas formas. Me peino un poco con los dedos, sólo porque sé que voy a ver a Lucas, sino ni me molestaría. Agarro mis llaves y salgo de la casa, un poco más tranquila al saber que hoy dejo a mamá segura en ella. Un poco más triste, por saber en las condiciones en que había llegado.

No tengo ni un segundo para pensar en Lucas, porque ni bien pongo un pie afuera lo veo salir de su casa. Cruza la calle para saludarme. Tiene unos jeans que le calzan perfecto igual que siempre y una camisa escocesa desabrochada que deja ver una camiseta blanca debajo. Su pelo está despeinado, casi como estaba el mío hace unos minutos. Tendríamos que empezar a llegar a tiempo a todos lados, la impuntualidad es una característica que al parecer compartimos. Cuando se para frente a mí para saludarme no puedo dejar de notar el golpe que tiene en el rostro. Parte de su nariz y su pómulo están hinchados y tienen una coloración tirando al verde y al azul.

-¿Qué fue lo que te pasó? -pregunto horrorizada. Lo había visto ayer hasta tarde, incluso sé que entro a su casa. ¿Qué le había podido pasar en un periodo tan corto de tiempo?

-No es nada, no te preocupes -sonríe quitándole importancia. Me quedo mirándolo sin decir nada.

-Es muy temprano para que empecemos con evasivas -suelto de mal humor. Nada me cae bien sin haber tomado un café primero.

-No quiero hablar de eso ahora, después. ¿Dónde está Layla? -pregunta.

-Lib la lleva al colegio hoy -respondo sin ganas y lo dejo hablando solo mientras empiezo a caminar hacia el colegio.

-Hey. ¿A dónde vas? Yo te llevo, vamos en auto -lo escucho decir.

-Paso, pero gracias -contesto con una sonrisa falsa. ¿Qué se supone que estoy haciendo? Estoy montando una escena de celos a un chico que no es mi novio. Sé que lo que hago es irracional pero es así como me siento, como una completa desquiciada. Veo que él está perplejo esperando que dé la vuelta. No quiero hacerlo

-Estás actuando como una nena insegura de nuevo -le escucho decir. Frase equivocada, pienso. Nunca, pero nunca, le digas a una mujer que es insegura y menos aún por la mañana, cuando está de pésimo humor.

-Y vos como un completo idiota. Ah, cierto, ese es tu estado natural -concluyo.

Corro a la escuela para evitar tirarle uno de mis útiles por la cabeza. ¿Por qué estoy reaccionando así? Lo peor es que él tiene razón en la parte de nena insegura. Es así como me estoy comportando. Tal vez es que tengo tanto miedo de que sea él el que se arrepienta, que estoy buscando alguna excusa para ser yo la que lo termine y no verme humillada en el proceso.

Corro hasta quedarme sin aliento, mi estado físico es un asco. Todavía me faltan dos cuadras para llegar y no tengo más aire en mis pulmones. Me detengo para recuperarme, siento los latidos rápidos de mi corazón. No estoy segura qué es exactamente lo que me molesta, ni porqué me había desquitado así con él. Pueden ser tantas cosas o absolutamente nada. Estoy cansada, sin dormir, preocupada por mamá, insegura en lo que respecta a Lucas y absolutamente en blanco para mi examen de hoy. Perfecto, pienso. Soy un desastre total y aun así, siento que son razones insuficientes como para buscar pelea con él. Pero lo escuché hablarme así y simplemente estallé.

Siento como su auto frena en el medio de la calle, ya es tarde por lo que no hay gente caminando a nuestro alrededor. Lucas baja y yo me quedo plantada en la vereda sin poder moverme. Todavía estoy agitada y bastante enojada, no sabía de lo sensible que podía llegar a ser en la mañana. Bueno es saberlo ahora.

El camina hacia a mí, y sin siquiera decir una palabra, me envuelve la cintura con sus brazos y choca sus labios contra los míos. Ni todo el mal humor del mundo puede hacerme rechazar esto. Lucas me abraza con tanta fuerza que duele y su lengua recorre el camino conocido de mis labios. Es un beso dulce pero lleno de necesidad al mismo tiempo. Siento su respiración en mi rostro y su cuerpo caliente a pesar de que está frio acá afuera. Pierdo la noción del tiempo. Lucas me besa la mejilla y por ultimo atrás de la oreja antes de separarnos. Quedamos mirándonos, él tiene apoyada su frente sobre la mía. Unos escasos centímetros nos separan.

-Sólo para que lo dejemos en claro, cada vez que empieces a actuar irracionalmente te voy a robar un beso. Y no, no estoy pidiéndote permiso así que acostumbrate -dice mitad serio mitad sonriendo. Ahí está de nuevo, ese ego que piensa que puede controlarme. Le suelto una sonrisa sin querer, me divierte escucharlo hablar así.
No pierdo el tiempo para responder, le doy un cachetazo que él no ve venir. Aunque me aseguro de dárselo en el lado contrario del golpe, que aún no me dice como se hizo.

-¿Qué fue eso? -me mira con cara de reproche.

-Ya que estamos siendo claros, eso fue por llamarme nena insegura. La próxima vez que le digas eso a una chica, asegurate de que haya tomado su primer café del día -digo con una sonrisa angelical.

-Sos insegura -recalca atajándose pero sin dejar de reír ahora.

-No tenés tacto -completo.

-Claro que no, soy hombre -responde. Y sin siquiera pedirme permiso me carga sobre su hombro y me lleva hasta al auto.

-Tenemos un problema serio de impuntualidad -lo oigo decir.

No es lo único, pienso abrazando su hermoso cuerpo.



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